Por Sarah Elisabeth Sawyer

Shelley y Rita en Ruiz Foods.
Hay tres mujeres de las que el equipo de Reba’s Ranch House no puede prescindir.
Os presentamos a Rita, Linda y Shelley: tres voluntarias y supervivientes de cáncer que ofrecen su apoyo a los huéspedes de la casa del rancho. Además, se ponen manos a la obra con todo lo que hay que hacer.
Hace cuatro años, Rita Williams y Linda Vissering, ambas jubiladas, realizaban juntas labores de voluntariado. Un día, se fijaron como objetivo la casa del rancho.
«Entramos y nos presentamos», recuerda Rita. «Les dijimos que éramos supervivientes de cáncer de mama y les preguntamos qué podíamos hacer. Así fue como nos fuimos abriendo paso poco a poco. Luego se dieron cuenta de que no podían vivir sin nosotras. Ya no podían deshacerse de nosotras».
Unos años más tarde, otra amiga, Shelley Martin, se incorporó como voluntaria en la casa del rancho.
«En cuanto entré por la puerta para mi entrevista con Marilyn [Bice], sentí que el ambiente era muy relajante», dice Shelley. «Esto va a sonar raro, ¡pero hasta el olor era espiritual! Supe que ese era el lugar donde Dios quería que estuviera. Aunque no hiciera nada más que esto, mi vida estaría completa».
Las tres mujeres se han vuelto imprescindibles en la casa del rancho. A veces se encargan de recoger los cheques de una recaudación de fondos, ayudan en un torneo de golf o renuevan las coronas navideñas para decorar la casa del rancho en Navidad.
Linda se encarga del servicio de comidas para garantizar que los cuidadores preocupados dispongan de comidas sustanciosas los siete días de la semana.
«Aquí siempre hay algo que te hace bien al alma», dice Linda.
A menudo, cada vez que una de estas mujeres dobla una esquina en la casa del rancho, hay alguien que necesita una oración o unas palabras de ánimo. Puede ser en la cocina, donde Shelley encontró a una huésped llorando, o en recepción, donde Rita indicó a una familia y a su pastor que se dirigieran a la biblioteca.
«Había silencio y cerramos la puerta para que pudieran seguir con lo que tenían que hacer», dice Rita. «Me hizo sentir bien el hecho de que, aunque no conozco a estas personas, pude ayudarlas cuando más lo necesitaban».
Cuando la querida Susan Hooper ya no pudo seguir dirigiendo la «Sala de la Esperanza» en la casa del rancho, Rita empezó a atender las llamadas de los pacientes que pedían una peluca o a ayudarles a buscar en nuestro inventario lo que necesitaban. Como supervivientes de cáncer, Rita, Linda y Shelley transmiten su experiencia a las mujeres y los hombres que acuden a la sala.
Y la oración. Siempre mucha oración, ya sea con palabras, en silencio o entre lágrimas.
«Es cuando el alma reza, cuando no puedes articular palabra», dice Linda.
«Literalmente, tuvimos que luchar por nuestras vidas», dice Shelley. «Pero ahora eso nos da la experiencia necesaria para hablar con la gente. Podemos tranquilizar a la gente en el momento porque hemos pasado por eso».
«Simplemente aprendemos a vivir el día a día y a hacer lo que hacemos, como en Reba’s Ranch House», añadió Linda. «Creo que, cuando haces el bien a los demás, no piensas en tus propios defectos».
Estas mujeres entraron en la casa del rancho, se presentaron y ahora la casa del rancho ya no puede prescindir de ellas.
Si te preocupas por los demás, te invitamos a que te plantees hacer voluntariado en Reba’s Ranch House. ¡Hay muchas formas de colaborar! Descubre aquí cómo puedes ser voluntario en el rancho.

Rita y Linda con la mascota de los High Steppers del instituto Sherman.