
Por Sarah Elisabeth Sawyer
Una huésped avanzaba con paso pesado por el pasillo de Reba’s Ranch House. Venía del hospital, donde su madre acababa de fallecer.
De el pomo de la puerta de la habitación en la que se alojaba colgaba algo: una nota con un versículo bíblico del Libro de los Salmos. En ese momento, esa tarjeta con el versículo era justo lo que necesitaba.
Unos años más tarde, esta huésped volvió a Reba’s Ranch House cuando su suegra fue ingresada en el hospital. La huésped se dirigió a recepción y se encontró con Jeri Carosella, la misma persona que años atrás había colgado la tarjeta en el pomo de su puerta. Le contó a Jeri lo mucho que había significado para ella.
«Su hermana cogió la bata de su madre y le hizo una almohada», cuenta Jeri. «Guarda esa tarjeta en el bolsillo de la almohada. Dijo que la conservará toda su vida. Nunca se sabe a quién se puede llegar, incluso con algo tan sencillo como escribir un mensaje».
Jeri trabaja en Reba’s Ranch House desde 2013. Por aquel entonces, su marido —que era ingeniero aeronáutico, ingeniero aeroespacial y doctor en física de la fusión nuclear— tenía la agenda muy ocupada con su labor como voluntario en una clase de ejercicio físico para personas mayores.
«Solía bromear con él diciéndole: “Tienes todos esos títulos y te has casado con una simple profesora de instituto”», recuerda Jeri riendo. «Él me respondía que, sin profesores, no habría ingenieros ni científicos».
Jeri buscó al Señor para descubrir qué debía hacer por Su Reino en la nueva etapa de su vida. Ella cree que Él la guió hasta Reba’s Ranch House.
En su trabajo en el departamento de atención al cliente, reza por las personas, escribe poemas y versículos bíblicos en tarjetas para colgar en sus puertas y les da un abrazo cuando lo necesitan con tanta urgencia.
«Todos los que cruzan esta puerta están pasando por una prueba en su vida», dice Jeri. «Si cruzan esta puerta, es porque alguien está en el hospital».
Jeri ha tenido que hacer frente a sus propias tragedias. Entre ellas, su marido, con quien estuvo casada durante 31 años, falleció a finales de 2018. Pero él admiraba el trabajo que ella realizaba en Reba’s Ranch House y deseaba que siguiera siendo una guerrera de la oración llena de compasión. Se la conoce como «el ángel de Ranch House».
Como el turno de Jeri empieza por las mañanas, ella recibe a los visitantes cuando entran y salen del hospital. A veces se reúnen alrededor de la recepción, donde ella siempre está dispuesta a darles un abrazo. Ella lo llama «la medicina de Dios».
«Cuando le das un abrazo a alguien, no sabes lo que eso significa para esa persona, por lo que está pasando ni cuánto necesitaba ese abrazo», afirma.
Cada día, Jeri se pone su accesorio más bonito para ir al trabajo: su sonrisa.
«Creo que estoy donde debo estar, siguiendo el plan que el Señor tiene para mí», añade Jeri.
Innumerables huéspedes, algunos de los cuales atraviesan las peores circunstancias de su vida, se han sentido conmovidos por este «Ángel del Ranch House».