Por Sarah Elisabeth Sawyer

Los héroes de Reba:

Una serie dedicada a nuestros maravillosos voluntarios

Desde los primeros días de Reba’s Ranch House, el corazón de los voluntarios ha latido en cada rincón del lugar para brindar paz y consuelo a todos los huéspedes que cruzan la puerta.

Esta serie nos brinda la oportunidad de agradecer públicamente a nuestros queridos voluntarios, que siempre están ahí para atender las numerosas necesidades que tenemos. La casa del rancho funciona como cualquier otro hogar: la colada, las comidas, la limpieza, la ropa de cama, las oraciones. 

No podríamos existir sin nuestros voluntarios, que se entregan de todo corazón. ¡Muchas gracias!

 

 

Comodidad artesanal

Cuando los huéspedes acuden a Reba’s Ranch House, es porque están atravesando una crisis devastadora, algo que los deja casi sin fuerzas.

Pero, en cambio, tienen un lugar donde descansar. Oportunidades para hablar con alguien y rezar. Colchas hechas a mano con las que arroparse, como el abrazo de una abuela.

En 1990, antes de que Reba’s Ranch House abriera oficialmente sus puertas, un grupo de mujeres de la zona colaboró con la Oficina de Extensión del Condado de Grayson para llevar a cabo un proyecto de gran envergadura: confeccionar veinte colchas hechas a mano para las habitaciones en las que se alojan los huéspedes de la casa.

Todo empezó cuando se le pidió a Jerri Lane, agente de extensión del condado de Grayson, que reuniera a un pequeño grupo de mujeres dispuestas a dedicar dos años al diseño y la confección de las colchas. Jerri trabajó como agente en la oficina de extensión durante más de treinta años.

Dado que en el proyecto participaban varias mujeres, comenzaron por acudir a una tienda de patchwork en Denton para elegir los colores y decidir los patrones. En esa primera visita, compraron telas por valor de 1000 dólares. El grupo de voluntarias estaba formado por Anne Gary, Jeanie Graber, Jerri Lane, Jana Caroyl y la copresidenta Gerry Dougherty.

Gerry recuerda con cariño aquella aventura. «Teníamos un plan, un comité al completo, diseños para cada colcha y un punto de partida. Dos de las señoras nos enseñaron el nuevo nombre de un tono concreto de rojo: el “Reba Red”. Era más bien un rojo granero, ¡pero ese tono y los azules que utilizamos a lo largo de todo el proyecto adquirieron un significado completamente nuevo!».

Trabajaban en la oficina de extensión situada en el juzgado del condado de Grayson, con las mesas repletas de telas y materiales, y siempre con una colcha en el bastidor. Las mujeres estuvieron ocupadas durante un año y medio y estaban listas para presentar las colchas en una merienda especial a la que asistieron los padres de Reba McEntire. Las colchas se colocaron en las habitaciones de huéspedes de la casa original de Reba’s Ranch House y más tarde se trasladaron al nuevo edificio.

«También hicimos treinta y una fundas para las almohadas de las camas —ocho dormitorios completos—», dice Gerry. «Nos encantó participar en un proyecto tan loable. Ann Arnold, que trabajó durante mucho tiempo en Reba’s Ranch House, cuidó muy bien de las colchas. Cuando las lavaba, las tendía a secar en la barandilla del porche. ¡Qué bonito espectáculo ofrecían!».

Y qué espectáculo para todos los que entran en una habitación de huéspedes en Reba’s Ranch House, donde les espera la calidez de una colcha hecha a mano.