Por Sarah Elisabeth Sawyer
Unos aromas deliciosos acompañaban el banquete preparado para Sarah Bradford, su familia y otros invitados en Reba’s Ranch House el Día de Acción de Gracias de 2019. Cuando el personal invitó a Sarah a apuntarse a la comida comunitaria, ella no tenía ni idea de que iba a ser una auténtica cena de Acción de Gracias en medio de la crisis de salud que atravesaba su familia. Había pavo, jamón, relleno y todos los acompañamientos en abundancia.
Tener que pasar las vacaciones lejos de casa para estar cerca de su ser querido en el hospital fue agotador, pero al final resultó ser una auténtica fiesta de Acción de Gracias en familia y con amigos para Sarah, sus dos hijos adolescentes y su suegra, Shirley.

Cuando Kelli, la cuñada de Sarah, ingresó en un hospital de Texas con neumonía en octubre, comenzó una serie de viajes para la familia. Shirley, de 77 años, empezó a hacer el viaje de ocho horas en coche desde Arkansas para estar con su hija, Kelli, todo el tiempo que pudiera. La familia se turnaba para alojarse en diferentes hoteles, algunos de ellos un poco dudosos. Sarah estaba constantemente preocupada por la seguridad de su suegra, las finanzas y el solitario viaje en coche. Shirley estaba agotada y se había quedado sin dinero para los hoteles.
Pero en noviembre, su asistente social les habló de la posibilidad de alojarse en Reba’s Ranch House. Si no se hubiera quedado allí, Shirley se habría visto obligada a hacer el viaje de ida y vuelta a Arkansas al menos cuatro veces más.
«Nunca imaginé que existiera algo así», dice Sarah. «Todos los días, alguien traía comida y la donaba, sobre todo de las iglesias. Cuando yo no estaba allí, me sentía mucho mejor sabiendo que Shirley estaba bien atendida. Literalmente, no le habría quedado ni un céntimo si hubiera tenido que pagar todo eso. Además, hizo amigos y pudieron consolarse mutuamente. Eso le facilitó mucho las cosas».
Durante el fin de semana de Acción de Gracias, Kelli tuvo que someterse a una traqueotomía. Sarah, junto con su hija Annie, de 16 años, y su hijo Asa, de 14, hicieron un viaje urgente desde Arkansas para estar con Kelli y Shirley. Probablemente no habrían podido hacer el viaje si no hubieran tenido la opción de alojarse en Reba’s Ranch House.
«Ya habíamos estado allí varias veces y habíamos gastado mucho dinero», dice Sarah.
Los cuatro se acomodaron en una de las habitaciones de Reba’s Ranch House, que tenía una cama de matrimonio que compartieron Shirley y Asa. El personal trajo dos catres. A la familia le hizo gracia juntarlos al pie de la cama grande para que durmieran Sarah y Annie.
Kelli no se encontraba bien aquel fin de semana tormentoso. Fue muy agotador emocionalmente para todos, sobre todo para los hijos adolescentes de Sarah, que tuvieron que cuidar de su tía. Pero Kelli empezó a mejorar tras la visita. No necesitó la traqueotomía.
«Nos quedamos con ella cuatro días», dice Sarah. «No podía hablar por teléfono, así que el hecho de que estuviéramos allí le levantó el ánimo y la ayudó a sobrellevarlo. De verdad, de verdad que lo creo. Estaba muy enferma».
La familia vivió una auténtica Acción de Gracias en Reba’s Ranch House, un lugar que, según Sarah, ayudó a salvar la vida de Kelli.